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ESTUDIOS BIBLICOS PARA EL LIDER Y ESTUDIOSOS DE LA PALABRA

El Hades

El Hades es la región de los espíritus sin cuerpo. “La palabra Hades denota el mundo invisible, la morada de los finados” (JAB). La palabra “castellana”, Hades, es la misma palabra griega, hades; es decir, la palabra no está traducida sino solamente transliterada (las letras griegas representadas por las letras castellanas). No está traducida porque no hay palabra castellana (ni inglesa) que sea su equivalente. En algunas versiones se ha traducido infierno (hell en inglés), porque cuando salieron esas versiones estas palabras (infierno, hell) significaban la morada de los muertos, pero en la actualidad esta traducción es incorrecta y sólo causa confusión. Cristo mismo estuvo en el hades (Hech. 2:27, 31), pero desde luego no estuvo en el infierno.    

Hay algo de confusión sobre el uso de esta palabra en el “Diccionario expositivo” del Sr. W. E. Vine. El dice  que Hades es “la región de los espíritus de los muertos perdidos (pero incluyendo los de los muertos bienaventurados en los tiempos anteriores a la Ascensión de Cristo)”. El Sr. Vine implica que después de ascender Cristo, el Hades ya no era la región de los espíritus de los muertos bienaventurados (los que mueren en Cristo). ¿Quiere decir que al morir van directamente al cielo? Si está afirmando esto, ¿por qué, al definir la palabra cielo, dice que “Ha de ser la morada eterna de los santos en la gloria de la resurrección, 2 Co 5:1”. Si ya lo es, ¿por qué decir “ha de ser”? ¿Qué dice este texto que el Sr. Vine cita? “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.  2  Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial;  3  pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.  4  Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida”. Si los que mueren en Cristo están en el cielo, están desnudos, porque todavía no tienen sus cuerpos celestiales (1 Cor. 15:44).
Los comentaristas Lenski y Hendriksen afirman que el Hades equivale al infierno. Al comentar sobre la palabra Hades en Mat. 11:23 Lenski dice, “Aquí ‘hades’, el lugar invisible es sin lugar a dudas lo opuesto al ‘cielo’ y de esa manera tiene que significar infierno. Aquí ‘hades’ no es traducción de ‘seol’”. Esta es otra conclusión arbitraria (afirmación sin prueba) de Lenski. Hendriksen hace lo mismo: “Aquí, como probablemente en todo lugar en los Evangelios, pero no en todo lugar del Nuevo Testamento, Hades significa ‘infierno’”. Pero dice Marvin Vincent (Word Studies in the New Testament): “En el Nuevo Testamento, Hades es la esfera de los muertos. No se puede mantener con éxito que es, en particular, el lugar para pecadores (como dice Cremer, “Biblico-Theological Lexicon). Las palabras acerca de Capernaum … es meramente una expresión retórica de una caída de la altura de la gloria terrenal a la degradación más profunda, y no tienen más que ver con el carácter moral de Hades que las palabras de Zofar (Job 11:7, 8) acerca de la perfección del Todopoderoso”. Este texto dice, “7  ¿Descubrirás tú los secretos de Dios?  ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?  8  Es más alta que los cielos; ¿qué harás?  Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?”
Al hablar así Lenski y Hendriksen (y otros) siguen la corriente de aceptar lo que la palabra “ha llegado” a significar en nuestros tiempos sin apegarse a su significado en el tiempo de Cristo y los apóstoles.

El significado de algunos términos cambia a través de los siglos. Los términos examinados en este estudio (Seol, Hades, infierno, hell) no significan ahora exactamente lo que originalmente significaban. Algunos sacan conclusiones erróneas porque a través de las edades algunas palabras inglesas y castellanas han ido evolucionando según la teología prevaleciente. Estas palabras que estamos estudiando son ejemplos de esto. Por ejemplo, en las versiones antiguas la palabra Seol se traduce hell (inglés) e infierno (castellano), pero aun estas palabras, que ahora claramente se refieren al castigo eterno, originalmente traducían correctamente las palabras Seol y Hades. Según el New World Dictionary  la palabra hell viene de “Hel, la diosa del otro mundo … la base de la palabra HELAN que significa cubrir o esconder … 1. Biblia, el lugar donde están los espíritus: identificada con SEOL Y HADES”. Larousse da varias definiciones de la palabra infierno. Entre ellas son éstas: “Lat. Infernus … inferior … Estancia de las almas … Limbo o seno de Abrahán donde esperaban los justos”.
En su comentario sobre Mat. 11:23, dice el comentarista James A. Broadus: “La palabra griega Hades, que etimológicamente significa ‘la (tierra) no vista’, ‘el (mundo) invisible’, en conformidad con su uso clásico, y con el de la palabra hebrea Sheol, se emplea en la Septuaginta y en el N. T., para denotar el receptáculo de los espíritus de los muertos, sin hacer referencia a las diferencias de condición entre los buenos y los malos (énfasis agregado) … Con la palabra ‘infierno’ se traducían antes Sheol y Hades, porque originalmente significaba un (lugar) oculto o escondido. Pero ha llegado a asociarse tan exclusivamente con la idea de tormento que la Versión Revisada la emplea solamente para traducir Gehenna y usa Hades siempre que ese término ocurre en el N. T. … Hades se emplea en algunos pasajes del N. T. donde la conexión no sugiere la idea ni de felicidad ni de miseria – es sencillamente la mansión de los finados (Hech. 2:27, 31)”.
    Compárese la palabra bautismo. Nuestras versiones no traducen la palabra según su significado original porque “ha llegado” a significar otras cosas (aspersión, rociamiento, etc.); por lo tanto, no la traducen, sino que simplemente la transliteran (dejando la palabra griega con letras castellanas). Sucede lo mismo en inglés con la palabra baptism.
En su comentario sobre Mat. 16:18, el comentarista Broadus dice lo siguiente: “La palabra Hades denota el mundo invisible, la morada de los finados. La palabra hebrea Sheol tiene substancialmente la misma significación. Tal era también el sentido original de la palabra inglesa hell, el lugar escondido o invisible, la cual era por lo mismo, en inglés primitivo, una traducción correcta de Hades y Sheol. Pero ha llegado a denotar exclusivamente el lugar de tormento, así como otras muchas palabras han llegado a limitarse al sentido malo, y ahora no traduce sino Gehenna y Hades tiene que usarse en el N. T. … Ni Hades ni Sheol denota alguna vez distintamente el lugar de tormento (énfasis agregado)”. Estos comentarios tienen sentido porque aun los diccionarios confirman el sentido original de infierno y hell. Es obvio que a través de los años los teólogos y comentaristas han corrompido estas palabras para que ya no signifiquen lo que originalmente significaban.

El problema, sin embargo, no tiene que ver simplemente con el significado de estas dos palabras claves (infierno, hell), sino con la confusión creada con respecto al Seol y Hades; es decir, de que “han llegado” a significar infierno o hell en el sentido de Geenna y, en base a esto, se ha formulado la doctrina errónea de que los que mueren en Cristo no pueden ir al Hades porque es lugar exclusivamente de puro tormento (prácticamente equivalente al infierno). Según esta doctrina calvinista (Calvino, Institutio ii, 16. 8-12), cuando Cristo fue librado del Hades, El “libró” también a todos los justos que estaban en el Hades para que fueran al cielo, y desde entonces todos los que mueren en Cristo van directamente al cielo. (La palabra libró se escribe entre comillas, porque es un concepto erróneo. Los que están en el paraíso no necesitan ser “librados” como si estuvieran en tormento).

Esta enseñanza ha causado confusión, aun en la iglesia de Cristo, pues hay hermanos que enseñan que cuando Jesús salió del Hades, El libró a todos los justos del Hades y los llevó al cielo, y que el Hades es lugar solamente de tormento.

¿En qué se basa la doctrina de que los que mueren en Cristo no van al Hades, sino que van directamente al cielo?

1 Fil. 1, “23  Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”. En base a este texto se argumenta que al morir Pablo estaría con Cristo y puesto que Cristo está en el cielo, Pablo también estaría en el cielo. Recuérdese, sin embargo, que Dios está en todo lugar. Véase el Sal. 139, “7  ¿A dónde me iré de tu Espíritu?  ¿Y a dónde huiré de tu presencia?  8  Si subiere a los cielos, allí estás tú;  Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás”. El Seol o el Hades es la región o esfera de los espíritus sin cuerpo. Ecl. 12:7 enseña que el espíritu vuelve a Dios que lo dio. Todo espíritu vuelve a Dios, porque El es el Padre de los espíritus (Heb. 12:9). Algunos hermanos creen que los perdidos van al Hades y que los salvos van directamente al cielo, pero este texto dice que el espíritu (de todos) vuelve a Dios. Por lo tanto, es muy cierto que cuando Pablo murió fue con Cristo, pero eso no es prueba de que fue directamente al cielo. ¿Cristo no está en el paraíso con los que mueren en El?

Todos están de acuerdo que antes de salir Jesús del Hades estaban allí Abraham, Isaac, Jacob, etc. ¿No estaba Dios con ellos? De la misma manera Dios (Cristo) está con los que mueren fieles. Es necesario armonizar este texto (Mat. 11:23) con los otros textos que hablan de los eventos finales. Por lo tanto, Fil. 1:23 no prueba que Pablo fue directamente al cielo.

 2 Cor. 12, “2  Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.  3  Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),  4  que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”. No conviene hacer ningún argumento basado en este texto, porque ni el mismo Pablo sabía dónde estaba. Posiblemente estaba en el cuerpo y, por eso, no podía haber ido al cielo: 1 Cor. 15, “50 la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”. En este texto Pablo mismo dice que no podemos ir al cielo en este cuerpo físico. Además, aunque no estuviera en el cuerpo, la Biblia no explica lo que es “el tercer cielo”. Puesto que la palabra paraíso se refiere al lugar donde Jesús y el ladrón fueron (Luc. 23:43) y que al mismo tiempo Jesús estaba en el Hades (Hech. 2:37, 31), entonces no es correcto decir que la palabra paraíso significa solamente el hogar eterno en el cielo.
    3. Apoc. 2, “7 Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”. Aquí obviamente el paraíso equivale al cielo pero, como se ve en el punto anterior, esta palabra no se usa solamente del cielo, sino también del lugar de reposo en el Hades.

Considérense los siguientes textos que refutan tal doctrina:

    1. Jn. 20, “17 .. aún no he subido a mi Padre”. Jesús dijo esto después de resucitar de entre los muertos; es decir, después de salir Jesús del Hades ni El mismo fue al cielo. Más bien, estaba aquí en la tierra unos cuarenta días. Si El libró a todos los justos del Hades cuando El salió de allí, ¿dónde estaban durante esos cuarenta días? ¿O acaso ellos fueron al cielo antes de ascender Jesús? No hay texto alguno que afirme tal cosa. Tales ideas que se basan en conclusiones erróneas acerca del significado del Hades sólo causan confusión.

    2.  Hech. 2, “33  Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.  34  Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:  Dijo el Señor a mi Señor:  Siéntate a mi diestra,  35  Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”. Pedro cita el Salmo 110:1 y explica que David no habló de sí mismo, sino del “Hijo de David” (el Mesías). Desde luego, David no hubiera llamado “Señor” a ningún descendiente excepto a Cristo. David murió, fue sepultado, y dice Pedro, “su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy”; es decir, David no había resucitado y no había ido al cielo. Por eso, no habla de sí mismo.
Cristo, sin embargo, sí resucitó de entre los muertos y sí ascendió al cielo (Hech. 1:9-11). En cuanto a David, diez días después de la ascensión de Cristo, precisamente en el día de Pentecostés Pedro dice que David no subió al cielo. ¿Por qué no? Si Cristo hubiera abierto las puertas del Hades para “librar” a todos los justos cuando El mismo salió, ¿por qué dejó a David en el Hades? Si no “libró” a David, no “libró” a nadie. Si se argumenta que Pedro dice que David no subió al cielo cuando él mismo murió (pero que sí subió al cielo cuando Jesús resucitó o ascendió), obsérvese que Pedro cita Sal. 110:1 que habla de cuándo Cristo se sentó a la diestra de Dios; es decir, David es el que habla en este texto, pero no él, sino Cristo subió al cielo para sentarse a la diestra de Dios.

Si en realidad Cristo hubiera “librado” a David y todos los justos del Hades cuando El resucitó o ascendió, obviamente Pedro no habría hablado de esta manera, explícitamente diciendo que “David no subió a los cielos”.

    3. 1 Cor. 15, “51  He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,  52  en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53  Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”. La Biblia enseña claramente que esta transformación ha de ocurrir cuando Jesús venga la segunda vez; entonces los que van al cielo serán incorruptibles e inmortales. Entran con sus cuerpos espirituales o celestiales (1 Cor. 15:44). Si los que mueren en Cristo van directamente al cielo, no tienen cuerpos espirituales, pero la Biblia no habla de redimidos en el cielo sin cuerpos celestiales.

    4. 2 Cor. 5, “4  Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida”, pero si los que mueren en Cristo van directamente al cielo, están desnudos, porque serán revestidos sino hasta la resurrección”. Es otro fenómeno del que no leemos en la Escrituras. ¡No leemos de redimidos desnudos en el cielo!

    - porque si en Sodoma {Gén. 19:24-28} se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.  
Sodoma, Nínive, Babilonia, etc. fueron destruidas por causa del pecado. Por lo tanto, aun el bienestar físico y la prosperidad material de las ciudades (y naciones) dependen de la justicia.

    11:24 -- Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, {Mat. 10:15; Luc. 10:12} que para ti. – En primer lugar, obsérvese que el castigo de Sodoma mencionado en la Biblia en Génesis 19 no es el único castigo que va a sufrir. Judas 7 dice,  sufrieron “el castigo del fuego eterno”; es decir, fueron quemados con fuego literal y ese fuego era tipo del fuego eterno que no se apaga.
Compárese Luc. 12:48, “Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”. Estos textos indican que el juicio será más severo para algunos que para otros. El castigo será conforme a las oportunidades que la persona haya tenido para conocer y hacer la voluntad de Dios. Entre más oportunidad tenga la persona para conocer la verdad, mayor será el castigo para ella si la rechaza. Todo pecador está perdido porque ha pecado y si muere en pecado, muere sin esperanza, pero el pecador que, conociendo la verdad y siempre la rechaza, peca también contra las oportunidades que Dios le permitió tener para obedecerla. Entre más oportunidad, más culpa tendrá al rechazar la verdad, y entre más culpa tenga, más castigo habrá. Estos textos revelan que habrá grados de castigo, pero la Biblia no nos proporciona más detalles sobre este tema, pero lo importante es que se entienda lo importante de aprovechar las oportunidades para oír y obedecer la palabra de Dios.

McGarvey menciona las siguientes verdades enseñadas en estos versículos: (1) que todo oyente del evangelio es dejado más bendecido o más miserable; (2) que los milagros de Jesús tienen el propósito de llevar a los hombres al arrepentimiento porque muestran la autoridad de Jesús para demandar que los hombres se arrepientan; (3) que entre los que estarán condenados en el Juicio habrá diferencia, y que será más tolerable para algunos que para otros; y (4) que Dios toma en cuenta nuestras oportunidades cuando mide nuestra culpabilidad (Mat. 10:15; 13:12; Luc.12:47, 48; Jn. 9:41; 15:22-24; Rom. 2:12).

    11:25 --  En aquel tiempo, respondiendo Jesús (¿respondiendo a qué? probablemente a la situación que acaba de describir de la falta de arrepentimiento en las ciudades donde había hecho muchos milagros), dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos -- Se refiere a los escribas, fariseos, los demás líderes de entre los judíos que se creían ser los sabios y entendidos. 1 Cor. 1, “21  Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. Muchos de los muy sabios del mundo (egresados de las universidades con títulos) son incrédulos. ¿Cómo se esconde el evangelio de ellos? Solamente en el sentido de que para ellos el evangelio es despreciativo. Esta misma verdad se enseña en Mat. 13, “10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?  11  El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.  12  Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13  Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.  14  De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:  De oído oiréis, y no entenderéis;  Y viendo veréis, y no percibiréis.  15  Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,  Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos;  Para que no vean con los ojos,  Y oigan con los oídos,  Y con el corazón entiendan,  Y se conviertan,  Y yo los sane”. Jesús habló en parábolas y después las explicó a sus discípulos, y los incrédulos (insinceros) no entendían nada porque no querían entender.

    - y las revelaste a los niños (NEPHEOI, infantes). 26  Sí, Padre, porque así te agradó. -- Desde luego, Jesús no habla de infantes literales, sino de sus discípulos. Nos llama niños porque como los niños dependen de sus padres para todo, nosotros dependemos de Dios para todo. Mat. 18, “2  Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,  3  y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. {Mar. 10. 15; Luc. 18. 17.}  4  Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.  5  Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este (es decir, a un discípulo de Cristo, Mat. 25:31; Gál. 4:14; Col. 4:10), a mí me recibe”. Es cierto que los niños tienen características que no debemos imitar (11:16; 1 Cor. 14:20; Efes. 4:14), pero tienen muchas características que sí debemos imitar: la humildad (dependencia), pureza, sencillez, prontitud para perdonar y olvidar ofensas, son dóciles y quieren aprender. Por lo tanto, el evangelio se revela a tales personas de nobleza (Hech. 17:11). La Biblia es para todos. La predicación es para todos. No es que Dios haya rehusado que los sabios de este mundo tengan Biblias. No manda que no prediquemos el evangelio a ellos. Eso no es el punto. Lo que Jesús dice tiene que ver con la recepción de parte de ellos del evangelio. Al rechazarlo ellos es como si Dios no se lo revelara.

    11:27 -- Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; {Jn. 3:35, “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano”} y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, {Jn. 10:15} y aquel a quien el Hijo quiera revelar. – Nos contentamos con la revelación (las Escrituras) para nuestro conocimiento del Hijo y del Padre y del Espíritu Santo. No conviene afirmar nada acerca de Dios que no sea revelado en las Escrituras. La fe del discípulos de Cristo no se basa en especulaciones y credos humanos, sino en la revelación que Dios nos ha dado.

Sin embargo, este texto se ha citado para criticar a los que defendemos la Deidad de Cristo, pero la defendemos porque muchos enseñan error (modernismo) sobre este tema. No sólo los testigos del Atalaya y los “sólo Jesús” y otros sectarios, sino también algunos hermanos en Cristo, pues dicen que cuando Jesús vino al mundo se despojó del uso de los atributos divinos y que no usó (demostró) ningún atributo divino ni una sola vez durante su vida aquí en la tierra. Esto niega Jn. 20:31. También niega que Cristo perdonó pecados por su propia autoridad (Mat. 9:6) y niega que Cristo era adorado por varias personas (Mat. 2:2;  28:17; Jn. 9:38, etc.). Es un error grave enseñar que debemos ser indiferentes hacia la controversia sobre la Deidad de Cristo, porque hay modernismo en la predicación de algunos hermanos y si logran destruir la fe de algunos en la Deidad de Cristo, destruyen también su esperanza de la salvación eterna. Véase Jn. 8:24, 58.

    11:28 --  Venid a mí (¡imagínese lo difícil de tener audiencia con algún rey, presidente o gobernador! Pero Jesús, el Rey de reyes, invita a todos) todos los que estáis trabajados y cargados (no sólo con cargados con pecados y preocupaciones, sino también con leyes y tradiciones humanas, Mat. 15:1-9; 23:3, 4), y yo os haré descansar (nos perdona los pecados cuando obedecemos al evangelio y nos da limpia conciencia y paz en el alma).  29  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; {Jer. 6:16}  30  porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. – En base a lo que Jesús acaba de decir en el v. 27 El tiene autoridad para invitar a todos a su salvación. El “yugo” de Jesús es su autoridad (su ley, su enseñanza). Llevar su yugo significa hacer su voluntad, someterse a su mandamiento. Es un yugo “fácil”, es decir, bien acomodado, porque sus mandamientos “no son gravosos” (1 Jn. 5:3). Cristo es manso y humilde de corazón en su gobierno. No es cruel, abusivo, injusto, opresivo.

FIN9