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ESTUDIOS BIBLICOS PARA EL LIDER Y ESTUDIOSOS DE LA PALABRA


8. DÍA DE REPOSO

Mateo (12:1) “Día de reposo”, Sábado, del heb. Shabbath (gr. sabbaton), significa cesación del traba/o, descanso. (1) El sábado (llamado “día de reposo” en Reina –Valera), aparece en la Escritura como el día en que Dios descansó al termino la obra de la creación (Gn. 2:2—3>. Durante el largo periodo del Edén al Sinaí, no se lo menciona. Luego se hace i revelación del Sábado a Israel (Ex. 16:23; Neh. 9:13—14), se convierte en parte de la ley (Ex. 20:8—11), y se lo reviste con el carácter de “señal’ entre Jehová e Israel, un recordatorio perpetuo de su separación para con Dios (Ex. 11:13—17). La observancia del Sábado incluía descanso completo (Ex. 35:2—3); y por orden expresa de Jehová se debía dar muerte al hombre que juntara leña en día de reposo (Nm. 15:32—36).

Al margen del holocausto continuo (Nm. 28:9) y su conexión con las fiestas anuales (Ex. 12:16; Lv 23:3,8; Nm. 28:25), el séptimo día nunca fue un día de sacrificio, culto ni ninguna otra forma de servicio religioso. Era simplemente un día de descanso total para el hombre pies animales, una provisión benévola para las necesidades del hombre. Usando las palabras de Cristo, “el día de re­poso fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mr. 2:27>. (2) Nuestro Señor vio que la forma en que se observaba el día estaba cubierta de evasivas y restricciones rabínicas <Mt. 12:2), algo ajeno a la ley, hasta el punto que las autoridades religiosas del momento lo acusaron de no guardar el Sábado.

Durante el pe­ríodo de la tribulación (Mt. 24: 20 – 21) y la Era del Reino (ls. 66:23), nuevamente habrá que guardarse el Sábado (3) En dispensación de la Iglesia, el descanso cristiano del primer día perpetúa el principio de que una séptima parte del tiempo es sagrada, pero en todos los otros aspectos esta en contraste con el Sábado. Uno es el séptimo día; el otro, el primero.

El sábado conmemora el descanso de la creación; el primer día, la resurrección de Cristo. En el séptimo día Dios descansé; en el primer día Cristo estuvo incesantemente activo. El sábado conmemora una creación que fue completada; el primer día, una redención que ha sido completada.

El sábado era un día de obligación legal; el primer día, de culto y servicio voluntario. El sábado se menciona en Hechos sólo en conexión con los judíos, y en el resto del NT. Sólo dos veces (Col. 2:16; He. 4:4). En estos pasajes se explica que el Sábado, el séptimo día, no es un día cuya observancia deban cumplir los cristianos, sino que es un tipo del descanso presente en que entrará el creyente cuando él “también ha reposado de sus obras” (He. 4:10) al confiar en Cristo.

 

El sábado y el día del Señor

A. EL SABADO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Comenzando con su propia obra en la creación, Dios deci­dió santificar, o separar, un séptimo de todo el tiempo. Para Israel estableció el séptimo día como día de reposo; el sép­timo año, o año sabático, era el año en que la tierra debía descansar (Ex. 23:10-11; Lv. 25:2-7); el año cincuenta fue establecido como año de jubileo en reconocimiento de las sie­te veces siete años. En diversos detalles, el año sabático y el de jubileo eran tipos proféticos de la edad del reino, que es la séptima y última dispensación y que se caracteriza porque toda la creación disfruta del reposo sabático. Aunque en la era actual el día que ha de celebrarse se ha cambiado divi­namente del séptimo al primer día de la semana, debido al comienzo de la nueva creación, se ha perpetuado la misma proporción en la división del tiempo: un día de cada siete.

La palabra sabbath significa cesación, o reposo perfecto, de la actividad. Aparte del holocausto continúo y de las fies­tas, en ningún modo era día de adoración o servicio.

En vista de la difundida confusión que existe acerca del sábado, y especialmente en vista del esfuerzo que algunos hacen por demostrar que está en vigor durante esta era, es imperativo que consideremos cuidadosamente las enseñanzas de las Escrituras acerca del sábado. Obtenemos un mayor grado de claridad consideramos el reposo en relación con diversos períodos de la historia.

En el periodo que se extiende desde Adán hasta Moisés, está escrito que Dios reposó al final de los seis días de la creación (Gn. 2:2-3; Ex. 20:10-11; He. 4:4). Pero en la Palabra de Dios no hay una orden en el sentido de que el hombre           esté obligado a observar, o que haya observado, un reposo antes de la salida de Israel de Egipto.    

El libro de Job revela la vida y la experiencia religiosa de los patriarcas, y aunque se discuten las diversas responsabilidades hacia Dios, mi hay referencias a la obligación de
observar el sábado. Por otra parte, se afirma claramente que la institución del reposo, por medio de Moisés, al pueblo de Israel fue el comienzo de la observancia del sábado entre los hombres (Ex. 16:29; Neh. 9:14; Ez. 20:12).    

De igual modo, por lo que está escrito acerca de la primera imposición del reposo (Ex. 16;1-35), es evidente que el     día anterior al primer día de la semana en que se celebró el primer reposo los hijos de Israel hicieron un viaje de muchos kilómetros que quebrantaba el reposo, al ir desde Elim hasta el desierto de Sin. Allí murmuraron contra Jehová, y desde aquel día comenzó la provisión de pan del cielo, el         que debía recolectarse seis días a la semana, pero no el séptimo día. Es evidente, pues, que el día del viaje, que debió ser de reposo, no fue observado como tal.        


En el periodo que se extendió desde Moisés hasta Cristo, el sábado estuvo en vigor por ley. Estaba incluido en la ley       (Ex. 20:10-11), y la cura divina para su no observancia fue
proporcionada asimismo en la ley de las ofrendas. Es importante observar, en esta conexión, que el sábado jamás fue impuesto sobre los gentiles, pero fue peculiarmente una señal entre Jehová e Israel (Ex. 31:12-17). Entre los pecados de Israel se destaca especialmente la falta de observancia del reposo y el no haber dado sus reposos a la tierra.

En medio de este período de la ley, Óseas predijo que, como parte de los juicios que iban a caer sobre Israel, iban  a cesar sus sábados (Os. 2:11). Esta profecía debe cumplirse en algún tiempo, porque la boca de Jehová lo ha hablado.

La era anterior continuó hasta la muerte de Cristo, así que su vida terrenal y su ministerio fueron bajo la ley. Por esta razón lo vemos guardando la ley, haciendo una expo­sición de la ley y aplicando la ley. Encontrando que la ley del sábado estaba oscurecida por- las tradiciones y enseñan­zas de hombres, señaló que el reposo había sido dado como un beneficio para el hombre, y que el hombre no tenía que hacer del reposo un sacrificio (Mr. 2:27>. Cristo fue fiel a todo el sistema mosaico, que incluía el reposo, porque ese sistema estaba en vigencia durante su vida terrenal; pero ese hecho obvio no es base para pretender que un cristiano que está bajo la gracia y vive en otra dispensación está obli­gado a seguir a Cristo en la observancia del séptimo día.

 

A.    EL SÁBADO EN LA ERA ACTUAL DE LA IGLESIA

Después de la resurrección de Cristo no hay evidencias en el Nuevo Testamento en el sentido de que el sábado haya sido observado por los creyentes, ni aun en forma errada. Sin duda, la multitud de cristianos judaizantes observaban el reposo; pero no aparece en la Palabra de-Dios nada de ello por escrito. Del mismo modo, después de la resurrección de Cristo no aparece ninguna orden a judío, gentil o cristiano en el sentido de que deban guardar el sábado, ni se men­ciona el quebrantamiento del día del reposo en la numerosa lista de pecados posibles. Por el contrario, hay advertencias contra la observancia del reposé por parte de quienes son hijos de Dios bajo la gracia.

Gálatas 4:9-10 condena la observancia de <días, meses, tiempos y años»., Normalmente estas observancias tenían el objeto de merecer el favor de Dios por parte de personas que a veces mostraban temor de Dios y otras veces lo olvi­daban.

Hebreos 4:1-13 contempla el sábado como un tipo del re­poso (de sus obras) en que el creyente entra cuando recibe la salvación.

Colosenses 2:16-17 instruye al hijo de Dios a fin de que no sea juzgado respecto de días de reposo, e infiere que tal actitud hacia el• sábado es razonable en vista de todo lo qué Cristo ha llegado a ser para’la persona que ahora pertenece a la nueva creación (Col. 2:9-17). En este pasaje se hace referencia en forma muy evidente a los reposos semanales,   otras más que a los reposos extraordinarios o especiales que eran parte de la ley ceremonial. Romanos 14:5 declara que cuando el creyente está «convencido en su propia mente» estima todos los días iguales leyes Esto no implica el descuido de la adoración fiel, sino más Todas bien sugiere que para tal persona todos los días están llenos de la u de devoción a Dios.

Debido al hecho de que en el Nuevo Testamento el sábado jamás se incluye como parte de la vida y el servicio del cristiano, la expresión  “reposo cristiano” es errada. En conexión con esto, se puede notar  que en lugar del reposo de la ley ahora se ha proporcionado el día del Señor de la nueva creación, que excede en gloria, privilegios y bendiciones al reposo.

 

C. EL SABADO EN LA ERA VENIDERA                                                                                                                                                

En plena armonía con la doctrina del Nuevo Testamento de que el nuevo día del Señor está relacionado solamente con la iglesia, se profetiza que el día del reposo será reinstituido, sucediendo al día del Señor, inmediatamente después de completado el llamamiento de la iglesia y después de haber sido retirada ésta del mundo. En el breve período de tribulación entre el fin de esta dispensación y el comienzo del reino se observará nuevamente el reposo (Mt. 24:20):pero la profecía anuncia en forma especial que el sábado es una característica vital de la edad del reino venidero (Is. 66:23; Ez. 46:1).

 

D.   LA RESURRECCION DE CRISTO Y EL PRIMER DIA DE LA SEMANA

El primer día de la semana ha sido celebrado por la iglesia desde la resurrección de Cristo hasta el presente. Este hecho lo prueban los escritos del Nuevo Testamento, los escritos de los primeros padres y la historia de la iglesia. En casi cada siglo ha habido quienes, no comprendiendo el propósito presente de Dios en la nueva creación, han luchado fervientemente por la observancia del reposo en el séptimo día. En la actualidad, los que se especializan en la exigencia de la observancia del séptimo día combinan su llamado con otras doctrinas antibiblicas. Puesto que el creyente, por de­signación divina, tiene que observar el primer día de la sema­na bajo la nueva relación de la. gracia, se produce cierta confusión cuando este día se ve investido del carácter de las leyes del reposo del séptimo día y se gobierna por ellas. Todas esas enseñanzas ignoran la doctrina neotestamentaria de la nueva creación.

E. LA NUEVA CREACION

El Nuevo Testamento revela que el propósito de Dios en la actual dispensación no prevista es el llamamiento de la iglesia (Hch. 15:13-18), y esta multitud redimida es la nueva creación, un pueblo celestial. Aunque se indica que las ma­ravillosas perfecciones y glorias serán completadas para esta compañía como un todo (Ef. 5:25-27), también se revela que ellos individualmente son los objetos de las mayores empre­sas y transformaciones divinas. De igual modo, como este cuerpo está orgánicamente relacionado con Cristo (1 Co. 12: 12), así el creyente individual está vitalmente unido al Señor (1 Co. 6:17; Ro. 6:5; 1 Co. 12:13).

Acerca del creyente individual, la Biblia enseña que: 1) en cuanto al pecado, cada uno de los de esta compañía ha sido limpiado, perdonado y justificado; 2) en cuanto a sus pose­siones, a cada uno se le ha dado el Espíritu que mora en ellos, el don de Dios que es vida eterna, ha llegado a ser heredero legal de Dios y coheredero con Cristo; 3) en cuanto a posición, cada uno ha sido hecho justicia de Dios, por la cual es aceptado en el Amado para siempre (2 Co. 5:21; Ef. 1:6), miembro del cuerpo místico de Cristo, parte de su gloriosa esposa, partícipe vivo de la nueva creación de la que Cristo es cabeza federal. Leemos: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura [creación]~ es; las cosas viejas [en cuanto a posición, no experiencia] pasaron; he aquí todas son hechas nuevas, Y todo esto [cosas posiciónales] proviene de Dios» (2 Co. 5:17-18: cf. con Gá. 6:15; Ef. 2:10; 4:24).

Pedro, escribiendo acerca de esta compañía de creyentes, afirma: «vosotros sois linaje escogido» (1 P. 2:9), lo que sig­nifica que son una raza de nacimiento celestial, de una na­cionalidad distinta, simiente o calidad que ha sido directa­mente creada por el poder de Dios. Así como el primer Adán engendró una raza que participó de sti propia vida humana y ‘de sus imperfecciones, así Cristo,’ el segundo Adán, ‘ahora está engendrando por el Espíritu una nueva raza que parti­cipa de su vida y perfección eternas. «Fue hecho ‘el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivi­ficante [que da vida]» (1 Co. 15:45).

Habiendo participado de la vida resucitada de Cristo, y estando en Cristo, se dice que el creyente ya ha sido resuci­tado (Ro. 6:4; Col. 2:12, 13; 3:1-4). Sin embargo, en cuanto al cuerpo, el creyente aún está por recibir un cuerpo glorioso como el cuerpo resucitado de Cristo (Fil. 3:20-21). Confirmando esto, también leemos que cuando Cristo apareció en los cielos inmediatamente después de su resurrección, él era como las’ primicias, implicando que toda la compañía de los que le sigan será semejante a El (1 Jn. 3:2), aun en lo que se refiere a sus cuerpos glorificados.

La nueva creación, que comenzó con la resurrección de Cristo y consiste de una compañía de naciones de nuevo, ce­lestiales que están en Cristo, se presenta en todas partes de la Palabra de Dios en contraste con la antigua creación, y se dice que de esa antigua y arruinada creación fue salvado y libertado el creyente.

En cuanto al sábado, o día del reposo, fue instituido para celebrar la antigua creación (Ex. 20:10-11; 31:12-17; He. 4:4), así que el día del Señor conmemora la nueva ‘creación. Del mismo modo, en su aplicación el reposo estaba limitado a Israel, el pueblo terrenal de Dios; así, el día del Señor está limitado en su aplicación a la iglesia como pueblo celestial de Dios.