Historia de la Ipuc

Se fundaron nuevos grupos en muchos pueblos pequeños en el norte del departamento del Cauca, incluyendo Medianaranja, El Placer, Padilla, La Cabaña y Caloto. En las afueras de Caloto, en Pedregal, un hombre alto que fumaba cigarro se acercó al hermano Pablo mientras predicaba. Exigió hablar con éste, pero el hermano Pablo lo forzó a esperar hasta después del servicio. Dos horas más tarde, después de una reunión en la que siete personas recibieron el don del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas, seis hombres entraron, guiados por el hombre alto, y les mostraron un documento firmado por el sacerdote católico de Caloto que decía, “Quemen todos los libros protestantes”. Ellos recogieron 22 Biblias protestantes, 14 himnarios, 18 folletos de himnos especiales, y 4 Biblias católicas. También amontonaron cuatro montones enormes de rocas para apedrear a los pentecostales. El sacerdote guardó las Biblias católicas y quemó el resto. El hermano Calvo fue a Caloto, la cabecera municipal, para quejarse ante el alcalde. Él fue informado que eso era un asunto del sacerdote, y que el alcalde no estaba interesado en tales cosas.

 

Por consiguiente, el hermano Pablo fue a la casa del sacerdote y tuvo una charla con él que duró desde las 9:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde. Al final, el sacerdote estuvo de acuerdo con el hermano Pablo en que las enseñanzas pentecostales estaban muy cerca de Dios, pero que él no podía seguirlas. No fue posible que el sacerdote pagara por el daño causado, aún cuando se disculpó. Le dijo al hermano Pablo que como sacerdote tenía la autoridad para quemar todo lo que no fuera aprobado por la iglesia católica. Los cultos continuaron en Pedregal, y los creyentes compraron más Biblias.

 

En un lugar, el hermano Pablo había alistado un grupo de 30 hermanos para viajar a Palmira con el fin de bautizarlos. El sábado antes del bautismo, el hermano Pablo trató de contratar un automovil especial para que llevara el grupo a Palmira. El inspector de policía estaba muy preocupado por los pentecostales y había enviado un agente tras el hermano Pablo para ver si estaba predicando en las calles. El espía vio al hermano hablando con los conductores, y concluyó que estaba tratando de convertirlos. El hermano Pablo fue a una tienda a comprar algo, y el espía fue al inspector de policía con su relato. Cuando el hermano Pablo estaba charlando con el propietario de la tienda sobre los altos precios, fue rodeado por cuatro policías, “¿Por qué está molestando a este tendero con su religión pagana?” le interrogaron. “El alcalde quiere verlo”.

 

Caminando con él por la calle, el inspector de policía sacó su revólver, diciendo que iba a acabar con el problema matando a Pablo, puesto que ya le había dicho muchas veces que no predicara esas cosas.

 

El hermano Pablo le replicó que su asesinato era la única forma de silenciarlo, que Cristo había sido perseguido antes de él.

 

Llegando a la cárcel, el inspector abrió la puerta y les dijo a los otros prisioneros, “Aquí tienen al pastor de los evangélicos para que les hable”. Los presos aplaudieron mientras el hermano Pablo entraba.

 

Entró a las 9:00 de la noche. En la celda nadie durmió esa noche, porque todos estuvieron escuchando al hermano Pablo leyendo y explicando la Biblia. A las 8:00 de la mañana, con el cambio de guardia, el cabo le quitó la Biblia con el fin de evitar que guiara a los prisioneros por el mal camino.

 

El hermano Pablo Calvo aconsejó al cabo que no desperdiciara la oportunidad de tener en sus manos la Biblia, sino que la leyera, puesto que él no la necesitaba, ya que había memorizado grandes porciones de la Palabra de Dios.

 

Cuando llegó la hora de ejercicios, los otros prisioneros rodearon al hermano Pablo en el patio mientras éste les enseñaba coros y versos bíblicos. Ellos le pidieron que realizara un culto, y él predicó tan eficazmente que muchos de ellos tenían lágrimas en sus ojos.

 

Más tarde un policía llegó y le dijo que el alcalde estaba furioso y que iba a multarlo fuertemente para enseñarle a respetar a las autoridades. Bramando de cólera, el alcalde amenazó con triplicarle la multa si alguna vez encontraba de nuevo a Calvo hablando de religión en la calle.

Primeros Misioneros ipuc

La primera persona que trajo a Colombia el mensaje combinado de la experiencia pentecostal y la naturaleza unicitaria de la Divinidad, arribó en 1937. [1] Danés de nacimiento y naturalizado como ciudadano canadiense, Aksel Verner Larsen llegó a Málaga (Santander) con su esposa y su hijo pequeño a estudiar español con algunos misioneros pentecostales independientes, quienes no compartían la doctrina de la Unicidad. Él era sostenido por La Iglesia Pentecostal del Evangelio Completo, [1] establecida en Canadá.
 


Aksel Verner Larsen, su esposa Fayetta, y los hijos de su primera esposa: Keith y Abigail

Larsen Bautizando en el nombre de Jesús

El epitafio dice: Misionero A. Verner Larsen 1904-1972. Padre amoroso, amado esposo de Fayetta C. Barnard

Hermanos junto con el misionero Larsen

 

 

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