Historia de la Ipuc

El crecimiento de la obra en Colombia continuó a medida que los creyentes colombianos voluntaria y gustosamente resistían todos los obstáculos para extender el mensaje que consideraban vital. Los colombianos comenzaron a asumir en mayor grado las posiciones administrativas en la cima de la organización colombiana, cuando el hermano Manuel Ospina reemplazó a la hermana Sallie Morley como Secretario Nacional.

 

Reinaldo Celis, que vivía en Corinto, comenzó a visitar a sus vecinos puerta a puerta en el municipio de Miranda, teniendo reuniones en la casa de una familia muy pobre. La sala donde realizaban los servicios también era usada como dormitorio y cocina. Mucha gente de Miranda rehusaba entrar en un hogar tan humilde. Debido a ello y al incremento del grupo, fue alquilado un local para 30 personas. Extendiendo la evangelización a las afueras, el hermano Reinaldo y su esposa caminaban un día entero para ir a las montañas a hablar con los indígenas y otros pobladores de esa zona. Estas personas, algunas sanadas de enfermedades, hacían entonces el largo viaje a Miranda para estar en los cultos. El salón que estaban arrendando resultó insuficiente por la multitud. El tamaño de la congregación creció a tal punto que tuvieron la posibilidad de comprar una casa para realizar las reuniones, y el hermano Reinaldo fue nombrado como obrero de ese lugar.

 

En 1964, la obra creció rápidamente en los departamentos de Caldas, Valle del Cauca, Cauca, Tolima y Huila. Golpeadas fuertemente por la violencia, estas zonas también respondieron con fervor al mensaje pentecostal. Los creyentes testificaban en cualquier oportunidad.

 

En Armenia, una monja joven golpeó en la puerta de una familia pentecostal en el curso de un programa de visitación religiosa, que consistía en hacer preguntas acerca de la virgen y animar la asistencia a la misa. En lugar de eso ellos trataron de evangelizarla, dándole un tratado que registraba sus creencias.

 

La monja María Olivia Bueno, había entrado al convento a la edad de 15 años porque sintió un llamado espiritual. Ahora, seis años más tarde, sentía un tedio espiritual. Aún cuando no le satisfacía permanecer en el convento, tampoco quería re-entrar al mundo. La vida en el convento no era la comunidad espiritual a la que había aspirado, y ella constantemente buscaba una experiencia real con Dios.

 

Un día, después de su encuentro con los hermanos, sintió que Dios estaba obrando en su interior, mientras lavaba un largo pasillo del convento. Una visión de mucha gente llenó el corredor. Todos ellos decían “Gloria a Dios”. Esto la encauzó a reanudar la lectura de la Biblia, y el estudio del tratado que le había dado la familia pentecostal. Texto por texto, sintió que Dios le revelaba la doctrina pentecostal a ella.

 

La próxima vez que fue a visitar con las otras monjas, se las ingenió para desprenderse de sus compañeras. Regresó al hogar pentecostal, y les dijo que había decidido unirse a ellos. Esa noche en vez de la misa, asistió a un culto en el que predicó el hermano Domingo Zúñiga, y ella pasó al altar, siendo bautizada posteriormente. Cuando salió de allí, dijo a sus nuevos hermanos en la fe que deseaba escapar del convento.

 

Al otro día, un grupo de creyentes incluyendo un joven que era muy parecido a María, se reunieron para visitarla en el convento. La madre superiora, pensando que eran familiares de María, les permitió entrar. Convinieron en que a las 3:00 de la madrugada un jeep iría por ella, dando vueltas por el bloque en que ella se encontraba. Esa noche, tan pronto como todos se acostaron, María bajó y abrió la puerta, quitándole el seguro a la cerradura, entonces regresó a su celda y le escribió una carta a la madre superiora explicándole lo que estaba haciendo. A la hora señalada, se reunió con los hermanos del jeep.

 

Fue llevada al hogar del hermano Domingo Zúñiga y su esposa. Ellos oraron por ella, y recibió el Espíritu Santo. Le dieron vestidos y no salía de la casa, pero era claro que las autoridades la estaban buscando. Por eso fue enviada a Palmira para que estuviera con la hermana Sallie Morley, y de allí fue a trabajar a la obra en Ecuador. 

 

Cuando regresó de aquel país, aún usaba gafas oscuras y una bufanda para evitar ser reconocida. De cualquier forma, ella no podía quedarse quieta acerca de su experiencia. En una ocasión, le dio un tratado a un sacerdote, diciéndole que dejara la vida religiosa porque era falsa. Subrayó sus palabras contándole su experiencia propia.

Primeros Misioneros ipuc

La primera persona que trajo a Colombia el mensaje combinado de la experiencia pentecostal y la naturaleza unicitaria de la Divinidad, arribó en 1937. [1] Danés de nacimiento y naturalizado como ciudadano canadiense, Aksel Verner Larsen llegó a Málaga (Santander) con su esposa y su hijo pequeño a estudiar español con algunos misioneros pentecostales independientes, quienes no compartían la doctrina de la Unicidad. Él era sostenido por La Iglesia Pentecostal del Evangelio Completo, [1] establecida en Canadá.
 


Aksel Verner Larsen, su esposa Fayetta, y los hijos de su primera esposa: Keith y Abigail

Larsen Bautizando en el nombre de Jesús

El epitafio dice: Misionero A. Verner Larsen 1904-1972. Padre amoroso, amado esposo de Fayetta C. Barnard

Hermanos junto con el misionero Larsen

 

 

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